Consejos para el cambio educativo: Enseñar desenseñando

Se cuenta que Sócrates daba clases caminando. A diferencia de lo que es la escuela hoy, Sócrates giraba con sus alumnos por las calles de Atenas y sus clases consistían en un diálogo donde ni siquiera dictaba un tema, sino que proponía una cuestión a ser debatida.

Consejos para el cambio educativo: Enseñar desenseñando. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

La clase comenzaba con las afirmaciones de sus alumnos y, a partir de preguntas muy capciosas, él iba logrando que los propios alumnos fueran reviendo sus propias afirmaciones.


Es muy interesante, en ese sentido, visualizar las diferencias con la enseñanza actual, o lo que de alguna manera podríamos recuperar de la experiencia de Sócrates. Por un lado, no hay aula, ¿no? No hay un lugar cerrado, no hay cuatro paredes, no hay disposiciones verticales, no hay alumnos sentados; hay un paseo, hay un viaje en el cual se va dando una transferencia entre el supuesto docente y los supuestos alumnos que, sin embargo, dialogando, van resquebrajando, van deconstruyendo esos lugares estancos y, por otro lado, no hay verdades o certezas que se bajen, que se informen verticalmente desde el docente a los alumnos, sino que lo que se plantea son más bien una serie de problemas, dudas y cuestionamientos para que el alumno, siguiendo el método mayéutico, vaya adquiriendo su propio conocimiento a partir de la duda y de la incertidumbre.


Evidentemente, las instituciones educativas fueron para otro lado, pero en estos tiempos de informatización, en estos tiempos posmodernos, en estos tiempos de más mediatización, creo que algo de la experiencia socrática pueda recuperarse. Porque, por un lado, ¿qué es un aula hoy? ¿No estamos viviendo tiempos de una «experiencia post-áulica»?, y no se asusten con la palabra.


Quiero decir: ¿hasta qué punto el aula puede realmente circunscribirse a estas cuatro paredes? ¿No es un aula también un chat? ¿No es un aula un programa de televisión? ¿No es un aula una red social?


¿Hasta qué punto hoy, como docentes, no tenemos que reinventar y repensar el lugar del aula en tiempo de «no lugares»? Y, por otro lado, ¿no se ha ido convirtiendo el saber en una experiencia más bien horizontal, donde los docentes y los alumnos socializamos la información o el conocimiento en vez de pensarla en términos de alguien que la posee y alguien que carece de la misma?


¿No ganamos todos los docentes y los alumnos si planteamos, de forma socrática, distintos problemas o preguntas para pensar en cada área de conocimiento? Y quiero decir, en ese sentido, que ¿no es la tarea de la docencia enseñar a pensar? Y, ¿no es pensar hacerse preguntas? Y, ¿no es hacerse preguntas una forma de problematización?


En definitiva, la filosofía no resuelve problemas, los crea. Y, de algún modo, ¿no somos todos los docentes un poco filósofos?

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