Cuando el arte vale más que la vida


Activistas ambientales recitando su mensaje (Captura de pantalla).

Hace poco fue tendencia un vídeo de dos chicas británicas pertenecientes al grupo activista ambiental Just Stop Oil, en el que arrojaban una lata de sopa de tomate a Los girasoles de Van Gogh para comunicar un mensaje sobre el medio ambiente. «¿Qué vale más, el arte o la vida? ¿Vale más el arte que la comida? ¿Vale más que la justicia?, ¿Te preocupa más la protección de un cuadro o la protección de nuestro planeta y la población?», preguntó una de ellas con voz temblorosa mientras pegaban sus manos a la pared.



Al principio, me pregunté si lo que habían hecho era «correcto» o no. Seguramente si se tratara de cualquier otro acto donde «dañasen» obras de arte, me molestaría y diría que lo único que logran es que no se les tome en serio. Sin embargo, en este caso se trata de un tema afín a mis intereses ambientales, por lo que es más complejo.


Este año, Peter Kalmus, científico climático de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, en español) se encadenó a las puertas de un edificio de JP Morgan Chase en Los Ángeles, como protesta por la financiación de los combustibles fósiles por parte del banco. «Estoy aquí porque no se escucha a los científicos», aseguró Kalmus antes de ser arrestado. Si él no hubiera hecho esto, jamás me habría enterado de su lucha contra la crisis climática.



Kalmus, al igual que las manifestantes ecologistas, tenían claro su objetivo: viralizar el mensaje. De lo contrario, no habrían lanzado la lata a una pintura protegida por un cristal. Su intención era clara, el arte no saldría dañada. «Nunca lo hubiéramos hecho si no supiéramos que está detrás de un cristal, no le haríamos ningún daño. Estamos poniendo sobra la mesa temas que importan», expresó una de ellas. La mancha salió con un poco de papel de cocina. Y, aun así, terminaron igual que Kalmus: arrestadas.


No digo que el fin justifique los medios. Hay que buscar otras formas de comunicar el mensaje, tal y como lo ha hecho Sergio Izquierdo, fundador guatemalteco de Rescue the planet, con material audiovisual. No obstante, sí estoy de acuerdo con propagar el mensaje, y vaya que se requiere coraje para decir la verdad: el arte vale más que la vida.

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