Dispersión ideológica, insatisfacción política y democracia

Es un hecho que el mundo como lo conocemos hoy ha surgido gracias a la democracia presente principalmente en el mundo moderno occidental. Sin duda este sistema ha permitido que el globo haya tenido importantes progresos, debido a que, en su esencia, propone una integración de las distintas voces de la sociedad civil y las toma en cuenta a la hora de dictar las políticas a seguir.

Dispersión ideológica, insatisfacción política y democracia. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

Sin embargo, durante los últimos años, las crisis que ha sufrido la democracia en países que la toman como bandera insignia, como el caso de Estados Unidos principalmente, ha llevado a que en la opinión pública se cuestione realmente su vigencia y su eficiencia al momento de la toma de decisiones.


Ya Winston Churchill hablaba sobre las debilidades propias de la democracia con la curiosa frase: «la democracia es el peor sistema de gobierno a excepción de todos los demás». Esto quiere decir, y cito las palabras del sociólogo Eliseo Verón, que «la democracia es el menos malo de los sistemas políticos imperantes».


De este modo, quiero decir que la democracia no es realmente el mejor sistema político que pueda regir a un país, sino que es el que menos desventajas tiene, y por ende es el más utilizado. Pero es importante remarcar que esto no lo hace un «buen» sistema propiamente dicho.


Desde el año 2019 la situación estadounidense, país con la democracia más antigua del mundo, ha servido como ilustración sobre las enormes dificultades que actualmente enfrenta este régimen. Y por si esto fuera poco, la pandemia dejó al descubierto muchas de las carencias que el sistema tiene.

La emergencia sanitaria del coronavirus orilló a que los gobiernos tuviesen que optar a tomar medidas sin el tiempo suficiente para consultar a la población. Esto dio lugar a que en muchos países la sociedad civil cuestionara duramente las decisiones tomadas. Efectivamente el contexto necesitaba de medidas rápidas como el confinamiento (en muchos países), pero un país democrático debió consultar a la población sobre su parecer y no solo «obligarlos» a aceptar estas medidas ¿cierto?


El mundo de hoy ofrece cada vez más espacios de representación y lugares de emisión del pensamiento, especialmente con la irrupción de internet. Las redes sociales resaltan por la facilidad de acceso y también el gran alcance que poseen.

Redes sociales en libertad. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

En estos entornos varios grupos sociales y «minorías», como los colectivos feministas, grupos LGBT, sectores progresistas, liberales, conservadores etc., han encontrado un medio para hacer trascender su mensaje y, de este modo, conseguir que las personas simpaticen con su discurso.


Ahora bien, teniendo en cuenta que se vive en una sociedad mundial tan diversa, muy sensible y emotiva, y con tanta capacidad y «poder» para expresarse ¿en verdad es posible tomar decisiones que satisfagan a la mayoría de estos grupos a veces tan heterogéneos entre sí? Y si esto no es posible ¿los sectores no beneficiados no emplearían su poder de expresión para hacer notar su claro descontento?


Con la elección de Joe Biden como presidente de Estados Unidos a inicios del año pasado, un grupo pro-Trump irrumpió y tomo por la fuerza el capitolio de Estados Unidos. Esta acción fue catalogada por académicos como una clara falta a la democracia. Claro que fue exagerada, pero ¿acaso esta no es una de tantas reacciones que han generado algunas decisiones políticas democráticas?


Me resulta muy difícil pensar en que la democracia pueda en realidad seguir funcionando cuando actualmente es muy difícil satisfacer a todos, o dictar políticas «correctas» cuando siempre serán duramente criticadas por algún sector de la población. Incluso desde el sector productivo un régimen democrático no otorga una ventaja. China, sin ser una democracia, está adelantándose a Estados Unidos como la primera potencia mundial.


No se tiene que dejar de lado los aspectos buenos que ya funcionan con las democracias occidentales; pero es necesario que, a partir de ellas, se moldee un nuevo modo de hacer política. Se deben tener en cuenta las características propias de las generaciones nuevas y más representativas para tomar las mejores decisiones y no solo las más «aceptadas». Al final nadie tiene el destino del mundo, así que los invito a escuchar qué nos dice el futuro.


Referencias

Huntington, S. P. (1989). El sobrio significado de la democracia. Estudios Públicos, (33).

Verón, E. (1994). Mediatización, comunicación política y mutaciones de la democracia.

 

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