El calendario del futuro

Dedicado a las y los migrantes del mundo...

El calendario del futuro. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

John nació en los Estados Unidos de América, sus padres son descendientes de la gran civilización Maya K´iché y emigraron a ese hermoso país, huyendo de la guerra en Guatemala. Cuando cumplió 15 años sus padres le ofrecieron un viaje para que conociera sus raíces y a sus abuelos Rosario y Juan, que vivían en una ciudad llamada Olintepeque, en el departamento de Quetzaltenango, Guatemala.


Cuando John llegó donde sus abuelos, se asombró de su pobreza, no había un McDonald’s cerca; tampoco tenían computadoras ni siquiera internet, tampoco hospitales o escuelas en sus idiomas. La casa de sus abuelos no tenía refrigeradora, mucho menos televisión o teléfono, afortunadamente llevaba su laptop. John estaba triste, pensaba hablarles a sus papás para regresarse, pero sus padres habían insistido mucho en que conociera el origen de su sangre, la gran civilización Maya.


Una noche, frente al fuego del hogar de sus abuelos, John le quería preguntar a su abuelo Juan, ¿cómo abordarán el año 2023 los Mayas?, pero no quería ofenderlo, entonces le hizo la siguiente pregunta:


—Abuelo, ¿Cuándo tendrán computadoras los pueblos Mayas?


—El abuelo lo miró con dulzura y con palabras suaves le respondió con otra pregunta:


¿Cuánto es 9 por 8?


—Para saberlo necesito mi laptop, -dijo John.


Cualquier persona de este pueblo te lo puede contestar sin laptop y te dirán que son 72. Creo que las computadoras son necesarias, siempre y cuando no descuidemos ejercitar nuestra mente, —respondió el abuelo.


—Pero ya estamos en el año 2022, abuelo. Yo creo que deberíamos poner en un museo todo los de los Mayas; dejar esas cosas del diablo que ustedes llaman espiritualidad, destruir todo lo que ofende a Jesús, dejar de practicar ese calendario tan absurdo; en fin, ingresar a la era de nuestro calendario gregoriano que, además es perfecto, dijo John.


—Esas mismas palabras ya las escucharon nuestros abuelos, hace más de 500 años con la llegada de los invasores en 1524, así trataron de destruir nuestra espiritualidad, quemaron como cosas del diablo más de 10.000 códices Mayas y pusieron sus iglesias sobre las nuestras, esos invasores dejaron como pensamiento de control que ya no existimos, que los Mayas se desaparecieron y tantas cosas más tan dolorosas. Qué un ladino o blanco diga eso es normal, pero que lo diga una persona de nuestra misma sangre, duele mucho, -contestó el abuelo.

Guía espiritual efectúa ceremonia en el sitio arqueológico Zaculeu, en Huehuetenango, para recibir nuevo año maya. (Foto, Prensa Libre: Mike Castillo).

John pensaba que, con sus 15 años, ya sabia más que su abuelo y que era necesario llevárselo a los Estados Unidos de América para que conociera la civilización. En las tardes empezó a ir al río con amigos y primos, allí fue donde se enteró de que su abuelo era el guía espiritual de esa región, un Aj’qij´, la persona más venerada y respetada, a quién todos acudían en busca de consejo y sanación. Entonces se sintió mal, muy mal, por las cosas que le había dicho a su abuelo.


—Abuelo, deseo retirar las palabras que dije sobre los Mayas, fueron una tontería; quiero disculparme, pedir perdón, —dijo John.


—Tú siempre serás disculpado, es una cualidad de tu Nahual, el 8 venado no se puede defender a sí mismo porqué nació para servir a la comunidad y es ésta la que lo defiende, —dijo el abuelo.


—¿Yo soy 8 venado?, —preguntó John.


—Sí, nacimos el mismo día dentro del Calendario Sagrado Maya. Es el día de los Ajq’ijab´, Abuelos mayores o Guías Espirituales como tú nos llamas. El venado representa los 4 puntos cardinales y es encargado del cuidado de la naturaleza. Nuestro símbolo es una mano cerrándose y un loro. La mano significa que nuestra misión es la unidad de nuestra gente y el loro, pues que tenemos el don de la palabra. También tenemos el mismo nahual de concepción y el del destino, otros, sobre el que algún día te platicaré, —respondió el abuelo.


—En mi colegio dicen que hablo muy bien, siempre me ponen como maestro de ceremonias y soy el presidente de mi clase, —dijo contento John.


—Ves, tu nahual se te esta desarrollando, pronto empezarás a soñar y a escuchar sonidos del universo y las fragancias de tu ser interior. Sólo recíbelos, no les temas, -le dijo el abuelo.


—¿Cuáles sonidos, abuelo?


Los sonidos de tu corazón son los sonidos del universo, es el tambor que escucharás en nuestras ceremonias. Nosotros creemos en un Dios como Ajau o la energía unida del Corazón de la Tierra y el Corazón del Cielo, es una energía sin sexo. Esos sonidos son la base de nuestros calendarios.

Politeístas. (Ilustración: Loggia di Psiche, 1518-19, de Rafael).

¿Porqué dicen que somos politeístas, si creemos en un solo Dios? —preguntó John.


Porqué no nos conocen, ni nos quieren conocer en este país; pero todo eso va a cambiar. Ahora se empieza a reconocer en el mundo que somos los que llevamos la cuenta del tiempo con exactitud, —respondió el abuelo.


—¿Somos los contadores del tiempo?, —Insistió John.


—Para los Mayas hemos entrado al año 5134 en este planeta tierra, otros planetas tienen otros calendarios; estamos en el quinto milenio o milenio de la mujer. Para nosotros la primera energía que nace es la femenina, la que puede multiplicar la vida. A ti, te han enseñado que la primera energía que nació es la masculina y que de una costilla nació la mujer. El primer milenio para nosotros, los Mayas, es la energía femenina, el segundo la energía masculina, el tercer milenio es energía femenina, el cuarto de energía masculina y el quinto milenio camina con pies de mujer, -dijo el abuelo.


—¿Y cuando empezó todo en la tierra? —preguntó John.


—Con el cero. Los Mayas somos los creadores del cero, el cual tiene la figura similar a una concha con 2 puertas, la de la izquierda abre las dimensiones de energía invisible y la de la derecha todo lo que tú conoces y tropiezas a cada rato, lo que llamas realidad, —añadió el abuelo.


¿Y el calendario gregoriano no es exacto?, —preguntó John.


—En sus inicios fue un calendario muy bueno, luego los Emperadores Romanos quisieron poner sus nombres y ya no fue un calendario de 10 meses; Julio César y Augusto colocaron sus nombres en los meses de julio y agosto, por eso el mes de diciembre que significa 10, es el 12 mes, noviembre que significa 9 ocupa el número 11, octubre significa 8, septiembre significa 7 y ocupa el mes número 9; en fin, están en el lugar equivocado, además han creado un año bisiesto para rellenar el tiempo que les sobra cada cuatro años, —enfatizó el abuelo.


—¿Y los calendarios Mayas tienen el mes de 30 días? —interrogó John.


—Nuestro mes tiene 20 días. La rueda calendárica Maya es la unión de 2 calendarios. Está compuesta por 3 ruedas, las primeras dos ruedas las encontramos en el calendario ceremonial o sagrado y consisten, por un lado, en una serie de 20 días con sus nahuales, acompañada de otra rueda de una serie numérica que va del 1 al 13. Este calendario tiene 260 días o sea el número de días que pasamos en el vientre materno y completa 13 meses. La tercera rueda está compuesta por los 18 meses de 20 días que conforman el año solar de 365 días,—dijo el abuelo.


—¡Y cuando comienza el calendario Maya?, —preguntó John.


Los 2 calendarios se encuentran en su punto de partida cada 52 años. Estos integran el ciclo sagrado Maya. Al iniciar el ciclo, se comienza un nuevo período solar, un nuevo amanecer, un nuevo sol y, con él, nuevos fuegos tanto en hogares y comunidades, como en los altares y en el pueblo. En el año 2012 del calendario gregoriano se inició el nuevo ciclo sagrado Maya. Tu tarea para mañana es saber sobre el nahual de cada día y su potencia energética, así sabrás reconocer sólo por la fecha de nacimiento, las características de cada persona, sus debilidades y fortaleza; luego te enseñaré a sacar el nahual de nacimiento, —dijo el abuelo.

Calendario Maya 2012. (Ilustración: RIES).

Durante varias semanas, abuelo y nieto se hicieron inseparables; cuando los primeros rayos del sol dibujaban los contornos de las montañas, ya se encontraban en los lugares sagrados y aprendiendo de las plantas para sanar. El abuelo derramaba conocimientos secretos en el corazón de John, era una catarata de agua cristalina sobre la vida de John. El abuelo había empezado la iniciación de John como Aj’qij´. Su nahual lo señalaba como Guía Espiritual.


John aprendió de plantas medicinales y a comunicarse con los abuelos que ya estaban en otra dimensión espiritual; conoció el mundo de los sueños y prometió no revelarlos. Sintió lo Maya adentro de él, reconoció a su ser interior y lo vio cara a cara, fue el más bello amanecer, se despertó en él la sencillez con que nace una flor en la montaña y la grandiosidad con que sale el sol cada mañana.


John aprendió que no era el dueño de la naturaleza sino parte de ella. En un atardecer, los 13 discípulos que se formaban para Ajq´ijab´, iban a participar en la prueba de la serpiente y sólo tenían que meter la mano en una olla que estaba cerca del fuego. Tenía que probar que no era enemigo de la naturaleza, ni de la flora ni de la fauna y eso, la serpiente lo sentiría. Cuando llegó a la olla, se dio cuenta de que Don Vicente Elías Lajpop, el encargado de las serpientes, era el responsable de la prueba.


—Allí hay una serpiente, meta la mano si la considera su amiga, -le dijeron.

John pensó que tal vez no había serpiente, había aprendido que debía vivir feliz, sin dudas y decidió meter la mano. Empezó a levantar un pañuelo que cubría la boca de la olla y con decisión empezó a meter la mano, cuando se escuchó un gran sonido de movimientos intensos, el vacío de la olla dimensionó el sonido y entró en los caracoles de sus oídos. John empezó a temblar como poseído por terremotos.


—Lo hará en otra oportunidad, —le dijo Don Vicente.


—John aprendió sus raíces, ahora sabía de dónde venía y necesita consejo para saber a donde ir.


—Abuelo, —dijo John— yo soy Maya y quiero vivir en estas montañas, he aprendido a sentirme Maya. Ser Maya no es sólo vestir el traje de nuestra comunidad sino vestir mi corazón de los conocimientos ancestrales y vivirlos. Yo quiero vivir contigo y ser parte de esta comunidad.


—¿Y las computadoras?, —dijo con una sonrisa el abuelo.


—Pregúnteme lo que quiera abuelo, -respondió John.


¿Cuánto es 9 por 9?, -preguntó el abuelo.


—81, —dijo John, con una mirada de humildad.


—Aprendiste a ser humilde, te diste cuenta de que ser humilde no es querer ser menos o más que cualquier persona, sino igual. Este Siglo es el de la igualdad, el que acaba de terminar fue el de la libertad, —dijo el abuelo.


—Me he dado cuenta de que tengo tanto que aprender de ti, por eso te pido que hables con mis papás y les digas que viviré acá; tampoco quiero llamarme John, quiero llamarme Juan como mi abuelo, —señalo John con lágrimas.

Nahuales mayas. (Ilustración: Centro de Estudios Comerciales Santa María).

—El nahual de tu concepción y el de tu nacimiento dicen que donde naciste tendrás que cumplir tu misión, tu propósito de vida; además, debes atender las necesidades espirituales de tu comunidad en esa gran nación, tú y yo, siempre estaremos juntos, no sólo en esta vida, sino en tantas otras que hemos vivido y viviremos. Recuerda que nuestros espíritus tienen millones de años y que tú y yo ya tenemos un medio para comunicarnos, —respondió el abuelo.


¿La telepatía y los sueños, abuelo?, —preguntó John.


—Las computadoras y el correo electrónico que me enseñaste, —dijo el abuelo— Pero antes de que salgas de estas montañas quiero que lleves un mensaje a toda la población de este planeta: que tenemos un mismo Dios; unos le llaman Ajau (Dueño) como nosotros, otros Jesús, Alá; en fin, es la misma energía divina sólo que con otro nombre y eso no nos debe separar sino unir. Es algo así, como que tú te llamas John y yo Juan y es lo mismo, sólo que John es más fácil de pronunciar en inglés.


Al día siguiente John dejó las montañas muy temprano, las nubes cubrían el verde de las montañas. No paraba de llorar, especialmente cuando se despidió de su abuelita Rosario, quién le enseñó el camino de la ternura y el amor.


Su abuelo lo acompañaba en el autobús, John nunca imaginó la profundidad de los conocimientos de la gran civilización Maya y estaba seguro de que el calendario Maya sería el calendario del futuro.


—Abuelo, estoy muy triste, no puedo parar de llorar, —le dijo John


—¿Sabes lo que significa el arco iris?, -preguntó el abuelo.


—Es la refracción óptica que se produce… empezaba a decir John, cuando lo interrumpió el abuelo:


—No, no, —dijo el abuelo— recuerda que primero la mente unida al corazón, después las computadoras y la técnica. El arco iris es donde nace nuestro nahual Kej o Kiej; es la señal de un pacto entre los humanos y Dios. El conjunto de los nahuales dice que tú y yo nunca tendremos bien puestos los pies en la materia, somos más espirituales.


—Abuelo, ¿Cómo hago para ver siempre el arco iris?, —indagó John.


—En la curva de tus ojos está un iris, siempre miras a través del arco iris y recuerda que todos los colores del arco iris tienen el mismo espacio, son iguales. El arco iris es un símbolo de igualdad, —respondió el abuelo.


Ahora John vive en Nueva York; es el Aj’qij de su comunidad; se encontró a sí mismo dentro de los Mayas y no desmaya en la búsqueda de la unidad de los seres humanos mediante la igualdad.


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