Iglesia y Estado, las religiones y la política

Ante los recientes acontecimientos en Nicaragua, con la persecución y represión por parte del régimen totalitario de Daniel Ortega contra la Iglesia católica, considero es muy interesante que en Guatemala empecemos a hablar sobre este tema, porque al igual que sucedió en nuestro país vecino, nosotros no estamos del todo exentos de que llegue a suceder algo similar en un futuro.

Iglesia y Estado, las religiones y la política. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

En la actualidad existe mucho debate en cuanto a cuál es el rol de la Iglesia, en nuestra sociedad, si tiene o no que tener injerencia en el gobierno, si el gobierno debe tener o no injerencia en la Iglesia o declararse laico, hasta se ha llegado a escuchar incluso que los políticos y funcionarios públicos no deberían pertenecer o comulgar ninguna religión, y que esto haría que su desempeño fuese más eficiente para con la población. Además de evitar que se le diera prioridad a ciertos grupos religiosos, refiriéndose a las iglesias, y que así Guatemala sería un país impulsado por la ciencia hacia el verdadero desarrollo.


Bueno, en primer lugar, para una mejor eficiencia y eficacia de los funcionarios públicos, basta que se concentren en sus funciones naturales, aquellas para las que fueron concebidos los gobiernos, y estas no son otras que velar por la seguridad y defensa, garantizar e impartir justicia resarcitoria y la ejecución de buenas obras de infraestructura, para esto no necesariamente se necesita declararse ateo un funcionario o servidor publico.


El problema comienza con la nula distinción de algunos aspectos que son muy importantes para el desarrollo del buen orden social, y que las personas han llegado a confundir. Aquellos que hablan de «Iglesia y Estado, asunto separado» generalmente no tienen del todo claro a que se refieren con esta idea, ya que en la mayoría de casos lo que buscan hacer alusión es a la eliminación de aspectos religiosos en el Estado.


Para aclarar el panorama es necesario preguntarnos, ¿Es la religión lo mismo que la Iglesia? o también si cuando se habla de un Estado laico, ¿esto anula la posibilidad de que los ciudadanos, incluyendo funcionarios públicos, no comulguen ninguna religión?

Iglesia y Estado. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

La respuesta de las dos interrogantes es un rotundo NO, y hay que distinguir sus respectivas diferencias, la religión no es mas que un sistema de creencias, costumbres y símbolos establecidos en torno a una idea, pero generalmente se tiende a encasillar a la religión con algo meramente teológico, pero se deja de lado la concepción de otro tipo de religiones, como lo explica el politólogo argentino Alberto Mansueti en muchos de sus ensayos, existen religiones populares, religiones políticas y religiones civiles, nuevamente, conjuntos de creencias, costumbres y simbolismos que determinan el comportamiento en alguna de estas áreas. Y por otra parte esta la Iglesia, la cual es una institución cuyos fines van enfocados al tema de la fe, la salvación y fortalecer el espíritu de las personas, haciendo uso de una religión como estructura ideológica.


De la misma forma en la estructura organizativa del Estado, aquellos que desempeñan la práctica política y que además son también estudiosos de ella, comulgan con alguna religión que determina su pensamiento y la estructura ideológica de su accionar, inseparable como tal, no necesariamente tiene que ser espiritual, ni teológica, pero en su mayoría de cosos los hay, y esto no es malo, dentro de las libertades individuales, cada quien puede profesar su fe de la forma que mejor le parezca, y defender su credo religioso también, lo que no es correcto, lo que no esta bien, es hacer uso de las instituciones como tal, para imponer voluntades sobre otras.


De tal forma, pretender separar a los individuos que desempeñan la política de la religión, es una idea errónea, incompleta y sesgada hasta cierto punto, porque únicamente se le atribuye una concepción meramente condicionada al campo de lo espiritual, obviando otro tipo de religiones y estructuras de pensamiento.


De igual forma decir que la política debe de separarse de la Iglesia es una idea equivoca, ya que como tal, toda institución tiene una estructura que es política, una jerarquía y un conjunto de normas condicionadas por la estructura ideológica, de tal forma la Iglesia tiene una organización política, separar lo político de la Iglesia seria imposible.

Funciones del Estado. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

La tan ya famosa frase, de Iglesia y Estado asunto separado, debe ser bien entendida, comprendiendo que dicha frase que en ocasiones es empleada erróneamente, hace alusión a nada mas y nada menos que a la soberanía de las esferas, es decir la esfera pública del gobierno como eje principal del Estado y la esfera privada de la Iglesia como institución, independientemente de su denominación, ya sea católica, evangélica, etcétera. Lo que debemos comprender es la separación de funciones, no de esencia interna como tal. El gobierno no debe entrometerse en la esfera de la Iglesia y pretender reglamentarla, mucho menos valerse de su posición como autoridad para prohibir, o imponer a una Iglesia con cierta religión como oficial, dentro del Estado, de igual manera la Iglesia como institución no debe inferir ni utilizar al Estado para imponer su religión sobre otros que no la compartan.


Y podemos simplificar con una idea, bastante sencilla, pero que es necesaria para que cuando la gente hable de la separación de estas esferas lo haga de una manera coherente, es decir:


En el Estado hay religiones que son políticas, y eso es natural, en la Iglesia hay religión y también es natural, en la Iglesia existe una política interna, y eso es natural de igual forma y en el Estado existen individuos que comulgan con una religión y también es natural. Lo no natural, es usar a las dos instituciones, como lo son el Estado y la Iglesia, para ejercer coerción, entre ellas, o hacia ellas, es decir las políticas de un Estado imponerlas dentro de la Iglesia, ni la religión de una Iglesia imponerla mediante políticas de Estado.

 

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