La pescadora

Había una vez, una aldea de pescadores; todas las madrugadas salían en sus lanchas a tirar sus redes y luego buscaban los pescados atrapados para llevarlos al mercado y venderlos.

La pescadora. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

En esa aldea existía una niña de nombre Maya, tenía 10 años y decía que cuando fuera grande sería pescadora. Esas palabras causaban risa entre los aldeanos, porque sólo los hombres se ocupan de la pesca y la presencia de una mujer en un barco de pesca significaba mala pesca. Sólo hombres entran a los barcos de pesca.


En el día que Maya cumplió 11 años, le pidió a su papá que la llevara de pesca, como regalo de cumpleaños.


Antonio –que es su papá- le dijo: - Esta bien, te llevaré a pescar mañana, así conocerás el mar y sentirás su bondad, él nos da de comer.


- ¿Por qué él y no ella, papi? – Preguntó Maya.


- El mar es hombre, hija, -dijo el padre.


Maya no estaba de acuerdo, creía que el mar era como una madre que lo da todo. Era mujer y se debía decir: la mar.


Antonio siempre le decía a Maya: - No te busques problemas innecesarios, hasta la naturaleza ha colocado a los machos como los más grandes y bellos, por eso, la mujer nació para servir y no para pescar.


Maya tampoco estaba de acuerdo, creía que todos los seres nacieron para servir y no para servirse de los demás. Su papá le aconsejo que platicara con el Pastor de la Iglesia, pero éste le había dicho que el hombre era la cabeza y la mujer el corazón, algo que no compartía y deseaba estudiar sobre la pesca.


De todos modos mañana sería el día en que su papito adorado la llevaría a pescar, aparte era que su papá no la dejaba ser pescadora y aparte era que su papá la amaba como el jardinero que cuida de la única rosa en el jardín de su vida.


- Mañana nos acompañará un científico, él estudia a las ballenas, -dijo el papá.


Maya pensó: yo voy a ser científica cuando sea grande y estudiaré a los peces y voy a ser pescadora.


Antes de dormir, sus padres le acompañaron cuando dijo sus oraciones al Creador, ella le agradeció un día más de vida y pidió que se protegiera especialmente a las mujeres y una religión que buscara la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres. Así, se quedó dormida.


A las 5 horas de la madrugada, el papá de Maya la despertó con un beso:


- Maya, ¡tienes que levantarte, hoy vamos a la pesca!


La madrugada empezó a aparecer con sus rayos de luz y el barco se deslizaba en dirección de la luna que colgaba del cielo. Maya tenía frío pero estaba tan contenta que no le importaba.

La pesca, representación. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

Antonio hizo las presentaciones:


- Esta es mi hija adorada y se llama Maya, a ella la quiero más que a mí mismo; a veces discutimos porque desde muy pequeña quiere ser como hombre.


- Yo no quiero ser como hombre, Papá, lo que deseo es ser un ser humano con los mismos derechos y deberes; desde muy niña aprendí que somos diferentes, los hombres y las mujeres, pero creo que debemos ser iguales en derechos y deberes, -dijo Maya.


- Ya la oyó usted, siempre discute, - le decía Antonio al científico. Dígale por favor que la naturaleza nos enseña que los varones siempre son los más grandes y hermosos y que las mujeres nacieron para servir.


- Eso no es así, -respondió el científico- la naturaleza nos enseña con sus ejemplos lo cierto de lo que dice su hija Maya, a quién felicito por sus pensamientos. Entre las ballenas, por ejemplo, las hembras son más grandes y bellas que los ballenos, así también entre las arañas, miles de aves, etcétera. Tampoco creo que el Creador sea hombre sino una energía creadora sin sexo.


- ¿Pero usted cree que las mujeres deben estudiar, ser pescadoras y tantas cosas más? –preguntó Antonio.


- Creo que sí, yo recomendaría que Maya estudiara ecología y pescara ideas para salvar al mundo, a nuestro planeta.


- ¿Qué es ecología? – preguntó Maya.


- La palabra ecología viene del griego antiguo “OIKOS” que significa hogar, esto nos dice que a nuestro planeta tierra lo debemos amar, ya que es el hogar de todos y todas las que vivimos en esta tierra bendita por Dios, -agregó el científico.


- Pero, ¿Cree usted que existe una espiritualidad o religión que busque la igualdad de derechos y deberes, así como lo quiere Maya? –Preguntó Antonio.


Maya volteó sus ojos hacía el científico, deseaba escuchar su respuesta con mucho interés.


- Todas las espiritualidades y religiones son buenas, nos acercan a Dios y buscan hacernos mejores seres humanos, hay algunas que aún tienen prácticas o pensamientos y costumbres muy antiguas sobre la mujer, pero está cambiando muy lentamente. También existe la Fe Bahá´i que busca la igualdad de derechos y deberes, así como la unidad de todas las religiones hacía el futuro. En la India, un país con mucha espiritualidad y tradiciones muy antiguas, existe una mujer como Gurú o Guía Espiritual y es Gurumayi, una mujer que está dando luz de amor al mundo entero con sus enseñanzas.


Antonio estaba asombrado, el científico que enseñaba en varias universidades, decía que Maya tenía razón y que la mujer y el hombre son diferentes pero iguales en derechos y deberes, entonces dijo:


- Desde hoy prometo poner más atención a lo que dice Maya y trabajaré sin descanso para que asista a la universidad y estudie para ser pescadora de las ideas que salven a la mar y al planeta entero.


Maya dibujó su mejor sonrisa y dijo: Papi, estoy muy feliz, éste viaje ha sido lo mejor de mi vida, ya dijiste la mar; ahora comprendo que existen miles de personas que van a luchar por la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres, que van a trabajar por los derechos de la niña.


- ¿Quiénes son estas personas?, - preguntó el científico


- Todos los papás que tienen hijas, porque el día de hoy he tenido el mejor regalo del mundo y es que mi papito lindo, ha comprendido que nacemos para servir al Creador y a nuestro prójimo; ahora tengo a un aliado.


- Lo que le pido a Maya, -dijo el científico- es que cuando hable de religiones y espiritualidades, lo haga con profundo respeto, porque es la parte sagrada de cada persona y recordemos lo que dice el Islam: «Ninguno de vosotros es un creyente a menos que desee para su hermano, lo que desea para sí mismo».


El barco estaba llegando al puerto y un marinero grita: - ¡Capitán, Capitán!, todas las redes están llenas de peces, y hay una mujer a bordo. Se acabó la mala suerte.

Redes llenas. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

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