Los incómodos niños de Cayalá


Los incómodos niños de Cayalá. (Foto, Centennial: Gérman Gómez).

Los niños de Cayalá son aquellos que a diario vemos en la calle, pidiendo dinero en los semáforos a cambio de hacer unas piruetas con las mismas naranjas descoloridas de hace una semana, son los que se acercan a los vidrios de los carros con sus caritas mal pintadas simulando una sonrisa de payaso bajo su rostro cansado y triste, son los que se suben a las llantas de los vehículos sosteniendo una botellita con agua y jabón para limpiar los parabrisas, los que se ponen en las salidas de los restaurantes de comida rápida y si bien les va, reciben una cajita de papas fritas o un juguete de la «cajita feliz».


Los encuentras por montones, a veces son alquilados por su propia familia. Son los mismos niños que algunos meseros tienen instrucciones de retirar de los restaurantes porque incomodan a los comensales ofreciendo sus baratijas, o dulces que nadie quiere tocar.

Niños a los que vemos llorar por la manera violenta cómo los tratan adultos.

Niños como los que fueron jalados por guardias de seguridad privada que trataban de retirarlos de Ciudad Cayalá, según consta en un video que se hizo viral por medio de redes sociales. Niños a los que vemos llorar por la manera violenta cómo los tratan adultos con armas y uniformes. Niños a los que un grupo de mujeres tratan de consolar y mediar con los agentes para que detengan la agresión.


El vídeo solo hizo evidente lo que viven a diario niños que con la pandemia vinieron a empeorar su situación. El otro día mientras esperaba en un autobanco se acercó uno de ellos a ofrecerme mascarillas, minutos después llegó un guardia de seguridad para advertirme que la próxima vez no le comprara ningún objeto, porque trabajan para una banda de ladrones que les piden ver al interior del vehículo buscando objetos de valor.


Son niños que según la Ley de Protección Integral de Niñez y Adolescencia de Guatemala tienen derechos, pero viven una realidad distinta.


Nos duelen los niños que no van a la escuela, que trabajan en el campo, que son esclavizados, que son utilizados para robar, niños enfermos, niños que optan por migrar, Niños Silvestres que como menciona Serrat: «deslucen la avenida y le dan mala fama a la ciudad».

Nos seguirán doliendo los niños, siempre y cuando no sean una prioridad para el estado de Guatemala y se implementen políticas públicas que vayan encaminadas a tratar la problemática de fondo.

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