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Siempre hay dos bandos, o incluso más de dos

El fin de semana del 23 de julio se enfrentaron en Estados Unidos dos de las instituciones deportivas más laureadas a nivel mundial. El encuentro, en su marco de amistoso, llevó a miles de fanáticos al estadio. A pesar de que ambas instituciones tienen sede en España (y para este punto mencionarlas resulta innecesario) parece que el mundo se paraliza cuando ambos equipos se enfrentan. En casi todo el mundo, las personas que gustan del fútbol (en este caso) tienden a simpatizar con uno y desestimar al otro, aunque depende en qué medida esto se haga.

Siempre hay dos bandos, o incluso más de dos. (Ilustración, Centennial: Gérman Gómez).

Este es un ejemplo de sobre cómo el mundo puede dividirse por una causa tan poco relevante como el deporte, y como puede comenzar a vislumbrarse un tipo de división bastante marcada. Una de las características del deporte es la competición y la confrontación, claro está, pero ¿esto debe llevar a la división?


Actualmente, y considero que en muchos episodios de nuestra historia, ha existido un tipo, o más de un tipo, de confrontación en la vida del mundo. Las grandes guerras y batallas históricas solo son una representación ilustrada (bastante) de lo que puede llegar a provocar estas grandes brechas y disidencias. Sin embargo, hoy en día existen guerras que se luchan más allá de las libradas con armas y trincheras. Hoy parece que el concepto se hace más grande y se adopte el famoso término «batalla cultural».


Algunas personalidades importantes entre los académicos latinoamericanos se han valido incontables veces de este término para explicar algún tipo de realidad política que se acomoda actualmente en el mundo. Los argentinos Agustín Laje y Nicolás Márquez, el economista Javier Milei y la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez han empleado este término en varias ocasiones para explicar la «guerra de las ideas».

Ahora los argumentos sirven como armas para defender los ideales, depende de qué bando. Los foros y debates se convierten en el campo de batalla para que los soldados (los llamados «intelectuales» o «académicos») afrenten la disputa para salir victoriosos. ¿y qué es la victoria? Pues la supremacía y la trascendencia del mensaje.


Ahora, en una sociedad en la que hay tantas ideologías y tantas corrientes de pensamiento (cosa que ya toqué en otra columna ya publicada), ya no se puede pensar en una dicotomía o dualidad como en el deporte (donde dos equipos se enfrentan). Ahora hay que pensar en una multiplicidad de posturas que coexisten en el mundo, todas con más de una diferencia con las demás, aunque también es cierto que, para efectos prácticos, siempre se suele dividir entre los que simpatizan más por la izquierda y los que lo hacen por la derecha.


Podemos simpatizar con una más que otra, pero lo que es cierto es que cada una tiene siempre aspectos positivos. No importan si uno se siente más cómodo con la izquierda o la derecha, la clave para poder sentirnos cómodos con esta realidad es aceptando y tolerando a las demás, porque el respeto no pelea con nadie.

📚Referencias

Bauman, Z. (2013). Es necesaria una nueva batalla cultural. Nueva Sociedad, (247), 81

 

✒️ Las opiniones expresadas en esta sección —Plumas de libertad— son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente los puntos de vista de Centennial.


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