Sobre calles de la muerte


Socorristas y trabajadores sacan un vehículo de un hundimiento en Villa Nueva, Guatemala. (Fotografía, EFE: Esteban Biba)

Aunque podría parecer un título exagerado, ahora se ha convertido en una realidad. Podría argumentar alguien, solo han sido dos vidas. Sin embargo, hago énfasis en ello “DOS VIDAS” las cuales se pudo evitar perder. El concepto de muerte es algo bastante escuchado en nuestro país y cada vez es menos sorprendente. A pesar de ello, no deberíamos de dejar que los acontecimientos nacionales nos hagan pasar estos escenarios como uno más que sucede dentro de Guatemala.


La semana pasada conversaba con un doctor especialista en gestión de riesgo y asesor de la Conred, Ricardo Francisco Antillón, sobre la rapidez con la que se ha generado estos socavamientos y grietas. Él me mencionaba que existían algunos que se generan de forma natural y los otros son responsabilidad del mantenimiento que nunca se le ha dado a los colectores que llevan alrededor de “un siglo” así. Elaborados con tecnología antigua y materiales inflexibles. Colectores de concreto unidos con concreto que no han soportado el peso y el movimiento telúrico constante que se vive en el país.


Todas estas grietas que contienen los colectores, que dejan escapar desde una gota hasta un litro cúbico por segundo, han generado las ahora famosas cavernas que nos dan como resultado la ruptura de las carreteras. Además, fuera de ver un enorme hundimiento sobre la carretera, está el hecho de saber que este se llevó dos vidas consigo.




Ahora bien, la pregunta que todos nos hacemos y que a todos nos asusta, ¿se seguirán generando más hundimientos y grietas que pongan en peligro nuestra vida y la de nuestra familia?, tristemente, sí. En la conversación con el doctor Antillón se llegó a la conclusión de que estos escenarios de socavamientos y rupturas de las carreteras seguirán ocurriendo hasta que nuestras autoridades hagan algo al respecto.


Como lo enfatizó en el diálogo que tuvo conmigo, “es necesario la consecución de recursos para inversiones serias en corrección, readecuación y construcción de nueva infraestructura”.

En esta necesidad, considero que todos o la gran mayoría estaremos de acuerdo. No puede rellenarse una cárcava, sin haber determinado que no había una más grande debajo de esta, ya que podría pasar lo acontecido con el primer hundimiento que se presentó en Villa Nueva, donde se gastó alrededor de 1.5 millones de quetzales en el lodocreto, para que una caverna más grande se lo tragara.


Hundimientos en Villa Nueva ( Fotografías, Prensa Libre)


Finalmente, reitero que no podemos olvidar a Olga Emilia Choz y su hija Hellen Michelle Mejía Choz, cuyos cuerpos fueron recuperados del segundo socavón. Estas muertes no deben quedar atrás, sin tomar acciones que prevengan un escenario similar. Debe realizarse un trabajo urgente para realización de perfiles subterráneos y corrección de la infraestructura. No esperemos ser los siguientes en sufrir algo similar. Debe hacerse algo y ¡Rápido!


 

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