Un Mundial raro


Un Mundial raro. (Foto, Centennial: Géman Gómez).

Con tres boletos aún en disputa, los fanáticos de ocho selecciones no clasificadas sueñan con el sorteo del Mundial que se lleva a cabo este uno de abril en Doha, Catar. Esta no es más que una de las tantas excentricidades que nos ofrece el Mundial de 2022, el cual ha modificado por completo los planes tradicionales del mundo occidental obligándolo a adaptarse al calendario del hemisferio sur a celebrar una Copa del Mundo en noviembre y diciembre.


Bajo la bandera de la diversidad, FIFA ha organizado un torneo en un país en el que la ley promovió la esclavitud moderna hasta 2016 a través del sistema de avales, y en el que, hasta hoy, el Estado condena a una mujer que es víctima de una violación por adulterio.

Catar puede tener un amplio acceso a la tecnología, pero está muy lejos de alcanzar la modernidad.

Entrada la segunda década del siglo XXI, Catar puede tener un amplio acceso a la tecnología, pero está muy lejos de alcanzar la modernidad. Y eso me hace reflexionar sobre la capacidad de tolerancia que tenemos aquellos que hemos vivido durante años promulgando los valores de los derechos humanos y la sociedad occidental. Hablo en primera persona porque muchas libertades de las que he gozado durante mi vida adulta se ven enfrentadas con las prácticas tradicionales del mundo árabe.


Mi experiencia con el mismo no es demasiado amplia, y se reduce a un corto viaje que hice a Marruecos hace algunos años, el cual me permitió conocer algunas normas de la sociedad del Gran Oriente Medio y África del Norte que contrastan con las tradiciones de la Copa del Mundo. Las bebidas alcohólicas están prohibidas en lugares públicos y, sin embargo, la gigante marca de cerveza estadounidense Budweiser es una de las principales marcas que patrocinan el evento. Las mujeres locales deben cubrirse el cuerpo y la cabeza en lugares públicos, algo que resulta contradictorio respecto a la vestimenta del mundo occidental, que encontrará en el desierto del Golfo Pérsico un verano decembrino.

Es una oportunidad para cambiar la forma en que vemos a las sociedades que entienden el mundo de una forma distinta.

Sin embargo, hay una oportunidad para acercarnos como sociedad globalizada. No solo debemos pedirle a la sociedad catarí que se acostumbre a las necesidades de nuestro mundo, este Mundial es una ventana hacia el respeto y nuestra propia tolerancia. Es una oportunidad para cambiar la forma en que vemos a las sociedades que entienden el mundo de una forma distinta. Una oportunidad para que comprendamos que cualquier cambio que queramos promover no va a llegar a través de la violencia ni la imposición de gobiernos afines a nuestras creencias.


Este Mundial raro, es una aventura única para despertar en nosotros el interés por las maravillas que el Medio Oriente ha aportado al mundo. Así como lo hizo en su momento Sudáfrica o Corea del Sur. Un Mundial raro merece ser festejado.


Un Mundial raro es el puente que se traza entre dos sociedades distintas y la oportunidad para que la sociedad europea conozca el modus vivendi de Estados Unidos, como lo hizo en 1994. Es una invitación a conocer las tradiciones japonesas, como lo hicimos en 2002. Es el nacimiento de una idea, y el sueño de conocer la sabana africana como lo hicimos en 2010. Dicen que uno le teme a lo que no conoce. Quizás es momento de conocer de cerca el mundo árabe.

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